Siempre critiqué que es una
fiesta de afuera, que ha sido copiada en Chile solo con fines comerciales. Que
no tiene raíces en nuestra cultura, bla, bla, bla.
Cuando no tenía hijas apagaba
todas las luces y no le abría la puerta a nadie.
Cuando mis hijas nacieron, fueron
creciendo, compre dulces para darles a los niños y niñas que golpearan nuestra
casa y ellas empezaron a esperar ese momento con felicidad.
El año pasado no solo se
conformaban con entregar dulces, sino que pidieron salir a buscarlos en casas
vecinas; lo reconozco, “muerta de vergüenza” me negué a ello
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