Por René Guénon
Artículo
originalmente publicado en "Études Traditionnelles", junio de 1949, e
incluido en Symboles fondamentaux de la Science Sacrée, París, Gallimard, 1962
[Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Buenos Aires, Eudeba, 1969, y
Barcelona, Paidós, 1996].
Aunque el verano sea considerado generalmente como una
estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero
representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad,
los dos solsticios correspondientes tienen sin embargo, en realidad, un
carácter exactamente opuesto al indicado; puede parecer que hay en ello una
paradoja
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