Envidio a los cantantes: lo que sienten lo convierten en un placer melódico que proporciona deleite a los sentidos.
Pueden cantar de lo horrible de la soledad o de la plenitud del amor, cantan de celos y muerte. Y transmiten una pena y un placer; provocan que el cuerpo de extraños a sus sentimientos se meza en una hipnótica cadencia. Y se apropian de los sentimientos del cantante para hacerlos suyos.
Usurpan maravillas y miserias ajenas para bailar al son de la paranoia de un autor.
Cierro los dedos en un puñado de cristales rotos y no consigo arrancar ni
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