Provengo de un lugar cerca de Chillán donde los Nevados de Chillán constituían una presencia constante e imperturbable en el horizonte. Para mi eran simplemente los Nevados de Chillán, presencias inamovibles y evidentes que, a lo sumo, cambiaban de superficie por efecto de la nieve en invierno, parecían engordar. Después estudié en Santiago donde aprendí que las cosas tenían una sola verdad - ¿cómo dos?, una sola Verdad no más - que la ciencia ponía a nuestra disposición como premio a un trabajo dedicado. Y que el mundo era una colección de verdades, una colección de cosas tan claras y
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