se creía moderno, cultivó cierta visión responsable de la apertura, pero la del protagonista, la del trabajador, oculto en la responsabilidad, en la sala de cine, ¡qué culto!
cada vez resultó esperar, no tranquilamente, más bien intranquilo, pero activo y constante, pedaleando y peleando, respirando, leyendo.
¡qué culto!
arrepentirse, sentirse nuevamente vaorado, que gran farsa esa palabra, que dependiente, que calculador y que frialdad
¡qué culto!
la envidia del inseguro, oculta en formalismos, excusa de la infidelidad, díficil de atrapar porque se transforma en razones varias, que alejan del niño que se creía moderno y lo acercan y atan al
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