Deslízate por las
yemas de mis dedos y abandona mi guarida. Déjame sentir que la paz del vacío se
llena con la sangre de nuevos días.
¡Qué insistencia en
venir a golpear la puerta de mis sueños! Si ya te dejé libre, si eres hora
muerta y deseo extinto, ¿qué voces te llaman a mi senda?
Corre a través de mis
sentidos; fluye, como el agua en un estanque prohibido. Déjame respirar; que mi
aliento sea travieso, que mis ojos sonrían como antaño.
Abandona mis
dominios. Quiero ser otra vez el suspiro de luz de una noche adormecida.
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