¡Qué más puedo
perder!
Si ya lo di todo. Mi
sangre, mis desvelos, los colores de la aurora resbalando sobre su faz
dormida...
Si ya perdí en un
vacío imaginario mi pudor y mi vergüenza. Si los sueños se quemaron en la
hoguera de mi piel herida, y el fantasma de la locura se asomó más de una vez
por mi ventana sin cerrar.
Si las horas
dibujaron surcos en mi rostro, y dejé olvidados en su refugio el calor de un
abrazo y las mentiras eternas que tanto me gusta escuchar.
¡Qué más podría
perder!
Las plegarias a la
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