Hablan tus rutas, y se pintan
entre luces,
sombras en el dibujo de tu veta,
borran sus mentes, borro la mía
y en el silencio de ese espacio
cubren de palabras
las raíces húmedas de este diálogo, ofreciéndose
como frutos,
mi geología de pasos nocturnos
porque los brazos
de tu reino,
aunque limitados, extienden el viento
y recogen
gargantas, bocas, pausas, secretos,
descienden por mis ojos
a besarme la mirada
pan y cenizas de un pulso, corren
en tu paisaje de savia,
abro mis oídos y te oigo
levantar tu nombre de la orilla
para que los muertos,
aún durmiendo
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