La religión sobrepasa indudablemente a cualquier otra actividad
humana en cantidad y variedad de tonterías. Si se considera además su
papel como cómplice de la dominación de clase a través de la historia,
no es sorprendente que haya atraído sobre sí el desprecio y el odio de
cada vez más personas, en particular de los revolucionarios.
Los situacionistas reiniciaron la crítica radical de la religión,
que había sido abandonada por la izquierda, y la extendieron a sus
formas modernas secularizadas — espectáculo, lealtad sacrifical a los
líderes o a la ideología, etc. Pero su postura unilateral y adialéctica
sobre la
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