El AusenteOctavio Paz.
Dios
insaciable que mi insomnio alimenta;
Dios
sediento que refrescas tu eterna sed en mis lágrimas,
Dios
vacío que golpeas mi pecho con un puño de piedra, con un
puño de humo,
Dios
que me deshabitas,
Dios
desierto, peña que mi súplica baña,
Dios
que al silencio del hombre que pregunta contestas com un silencio más
grande,
Dios
hueco, Dios de nada, mi Dios:
sangre,
tu sangre, la sangre, me guía.
La
sangre de la tierra,
la
de los animales y la del vegetal somnoliento,
la
sangre petrificada de los minerales
y
la del fuego que dormita
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