Ellos dijeron que con el tiempo todo sería más fácil, pero no lo ha sido. Puede ser que después de todo me haya acostumbrado a esa clase de suerte despiadada que insiste en ponerme contra la pared, a dejarme a la deriva sin ningún miramiento. Y no se trata de sentir lástima de mi mismo que de eso ya he tenido bastante, ni siquiera es un mínimo reclamo o un maldito exabrupto inesperado que se escapa insolente.
¿Qué es entonces? Tal vez temor, quizás solo sea terror al olvido, a que de verdad me olvide. ¿Hay algo más miserable que
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