Decir que uno "descubre" la literatura oriental parece una torpeza tan grande como la de los europeos cuando dicen que "descubrieron" América. Pero ¿qué otro término usar para describir la perplejidad que desvela nuestras noches cuando la pluma lejana de un escritor japonés atraviesa nuestras mentes con la límpida fluidez de sus palabras? Es un descubrimiento, en el sentido más íntimo de la palabra. Aparentemente, lo descubierto ya estaba allí, antes que nosotros, y seguirá cuando hayamos desaparecido. ¿O no?Pues bien, la interpretación que yo tengo es justamente que no. El asunto tiene más magia todavía, porque lo descubierto "ocurre"
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