Venía el otro día un joven universitario perdido en la duda.
Estuvimos hablando. Buscaba sinceramente la verdad, pero no sabía en donde
estaba. Estaba recorriendo las distintas religiones y corrientes de
pensamiento, pero ninguna la habían llenado hasta ahora. Se comprometió leer la
Biblia de cabo a rabo para intentar descubrir lo que iba buscando. Tiene una
cosa buena este chico: está abierto al diálogo desde la humildad del que busca
sinceramente.
Como él hay
muchos, pero no todos se atreven a dar el paso para desenredar su interior,
venciendo las dudas que siembran en nuestra alma las corrientes de
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