Trabajar en instituciones
culturales tiene, como primer gran atractivo, la posibilidad de contactar a
personas de gran valía, que están en lo suyo por pasión y que suelen tener un
conocimiento acabado, vasto y colorido de sus respectivas áreas. Eso explica
que muchas veces, un proyecto o simplemente una reunión, sea una oportunidad de
crecimiento, el comienzo de un camino de conocimiento nuevo, en el que uno
termina inmerso en un mundo del que se cree saber algo, pero del que en el
fondo se conoce muy poco.
Eso fue lo que me sucedió
ayer.
Junto a
María Paz Spencer,
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