En las cercanías del tan foráneo Halloween me viene a la mente que, años ha en un 31 de Octubre, tuve que ir a fotografiar un aquelarre en el cual sólo participaban mujeres.
Llegué cerca del anochecer, a una estrecha callejuela donde se alzaba una casona blanca. Una alta puerta daba a un angosto pasillo, a la izquierda muchas puertas que pertenecían a sendas habitaciones.
Entré a la primera de estas: Había unas 25 mujeres sentadas sobre coloridos cojines, todas contentas, todas hablando. Me llamó la atención que cuatro de ellas eran ciegas.
No me sentía incómodo de ser el
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