"....Era el tiempo de la cosecha cuando decidí
entrar al conuco. Agarré en mis manos la chícora y comencé el arado de aquella
tierra hostil, dura, seca, pero que mi ímpetu moldeaba con
intensidad. Yo secaba mi frente. Hablaba en voz alta. De repente sentí que me
miraban. Giraba mi cabeza para todos lados. No vi a nadie. Desde pequeña me
gustó la tierra, la tomaba en mis manos y mezclada con el agua hacía las
vasijas con las cuales regaba las matas de pira y de jojoto. Ese día importante
para mí y que no olvidaré jamás, sembré mi
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