Veo ventanas, cuando quiero puertas.
Tropiezo en una, dos y tres tonadas!
Me canso de ser mujer y de errar cuando no debería sentir fatiga.
Me perdí entre las calles bulliciosas, entre gente que no mira a los ojos y no está dispuesta a correr riesgos. Mis dedos tintados me hablaban en susurros pero hice caso omiso de sus advertencias.
Olvidada, nadie cogerá de mi tronco la suave sabia emanada.
Yo quiero una vida. Para vivir y matarme en miles.
El parpadeo de mi ausencia quiere enfrentarse en la lucha de los cíclopes.
Los recuerdos no quieren perderse en la
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