Leonardo Maldonado fundó Gulliver con ese nombre para honrar no una gesta épica, no una práctica, sino una actitud: la del que asume que la obsolescencia es un estado casi permanente. El navegante de la novela de Jonathan Swift estaba obsoleto no bien se bajaba del barco. Cada viaje suponía dejar atrás un mundo, un complejo sistema de relaciones sociales, de sentidos comunes y de condiciones ambientales, para el cual había logrado aprender estrategias de sobrevivencia. Bajar del barco era siempre encontrarse con un mundo nuevo y desconocido. Y conforme el misterio cedía, ese mundo nuevo imponía sus reglas y
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