A veces la miro por los pasillos con su cuerpo mutante, muriendo por tan solo
una mirada que jamás podrá asustarle,
viviendo sin atardeceres, ni amaneceres alucinantes, viviendo en la eternidad
risueñamente espeluznante, logro mirarle cada paso, logra tocarme con su
viento, me acaricia la mejilla y me roba
mi último aliento, la agonía que tiene mi corazón cada vez se siente menos.
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