A Jaime Moya Zúñiga.
Nunca supe muy bien que llevó a mi prima a indagar por el paradero de un supuesto abuelo, el hacer caso a un pelambre de esquina o como ella decía un presentimiento, “si el río suena es porque píedras trae” se dijo más de alguna vez. La verdad nunca tomé en cuenta lo que dijo, quizás porque la abuela había sido una persona muy cercana.
Ella había vivido una vida distinta, en una tierra inóspita de la cual muy poco hablaba. Y ahora que la edad descontaba en su reloj no tenía los cojones para preguntarle
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