La tentación, mejor dicho el demonio tentando, no respeta a nada ni a nadie. El
cardenal Ratzinger, ya antes de 1990, en uno de sus primeros libros, escribía
que: “Mientras vivamos en este mundo nuestra fe y nuestro amor seguirán estando
en camino y estarán amenazados de extinción”. No es necesario que aclaremos
quién es, el que está interesado en la extinción de nuestra fe y de nuestro
amor. Todos los sabemos y desgraciadamente conscientes, o inconscientemente,
raro es el ser humano que jamás le haya hecho el juego al demonio, me atrevería
a decir que con excepción del Señor
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