Podríamos decir que somos como un río al que le
viene el agua de fuera. El río es sólo cauce. Dios se ha insertado en nuestra
vida por el bautismo y nos ha inundado con su vida divina. Somos cauces de esa
vida con la que nos hemos encontrado sin ser conscientes de ello, los que fuimos
bautizados de pequeños. Nos hemos encontrado con ella; no nos la hemos ganado ni
merecido.El agua del río refleja todo: cielo, árboles, piedras,
montañas...y las nubes, y el sol. Desde el agua de nuestra vida reflejamos todo,
pero algo así como una imagen
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