Después
de un par de años encerrado, apareció una mañana el alguacil y me dijo
de mala manera y en un francés aflamencado típico de Bruselas: "Tienes
carta de Chile"... ¿Me dirá a mí? pensé; pero si en Chile nadie sabe que
estoy cumpliendo condena, es más, nadie sabe donde estoy, nadie me
espera y no me interesa que lo hagan... El funcionario
insistió y en medio de mi aturdimiento atiné a estirar el brazo y a
agarrar un pequeño y arrugado sobre con una estampilla de Correos de
Chile.
La carta había salido de Viña del Mar un 3
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