Cuando habitaba sobre la tierra la generación de
bronce, Zeus, el soberano de los mundos, a cuyos oídos habían llegado
rumores sobre los crímenes del hombre, resolvió recorrer la Tierra bajo
figura humana. En todas partes, sin embargo, encontró que la verdad
dejaba pequeño al rumor. Un atardecer, cuando ya el crepúsculo
cedía el paso a la noche, entró en la mansión inhóspita del rey de
Arcadia Licaón, famoso por su ferocidad. Realizó varios prodigios para
dar a entender que llegaba un dios, y la multitud se hincó de rodillas
ante él. Pero Licaón se burló de aquellas plegarias piadosas.
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