Difícil sería considerar que la vida está hecha siempre de buenos
momentos. Más bien la constante es que a diario tenemos que atravesar
por dificultades y problemas. Algunas veces estos son simples molestias
pasajeras, pero es común que alguna preocupación llene casi por completo
nuestro pensamiento manteniéndonos en estado de tensión. Esto trae
consigo múltiples padecimientos físicos que complican aún más la
situación y que terminan sumiéndonos en la desesperación y la angustia,
evitando así que valoremos el regalo de la vida.
Enfrentemos nuestras dificultades con una actitud de alegría, con la
confianza de que el Señor quiere lo mejor
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