En este mundo plagado de ONG, PDP, GOV y CQC, también
existen otras organizaciones destinadas a propósitos peculiarmente
desconocidos, como por ejemplo, la proveeduría de sobrenombres.
Para acceder a un apodo propio es
necesario recurrir a uno de estos vastos organismos dedicados a su albergue, en
las cuales, con un extenso y complicado papeleo, pero valeroso si realmente se
lo quiere, se nos brinda la oportunidad de adopción de algún apodito huérfano,
maduro y desolado, o algún otro en estado geriátrico, en sus últimos suspiros.
Algunos se creen inmortales, más que nada Cacho, Tito, Pipo, que asumen con
mayúsculas.
El
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