Corría el año 1501 en Italia. Se buscaba insistentemente a un escultor para hacer una figura del Rey David, con la honda en la mano, en el momento en que recién había matado a Goliat. La obra le fue encomendada al gran artista Miguel Ángel, a quien le fue dada una mole de mármol de cinco metros de altura con la cual se dedicó durante dos años continuos a darle forma a ésta que es considerada una de las obras maestras de la plástica mundial de todos los tiempos: el David.
Esta historia me hace pensar seriamente en Jesús como
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