El otro día la señora Julia me decía (señora Julia: una gran mujer, porteña de nacimiento una maestra en filetear pescado) El mar no es gratis, el aire no es gratis, nada lo es. Porque si fuera gratuito no habría que cuidarlo. Me quede pensando en esa sensación poco importante de lo gratuito, y lo relacione de inmediato con la cultura, con el arte en sus particulares, en la filantropía y algunos proyectos en los que estoy, donde la desconfianza del público ante el privado y al revés, extravía la buena transacción de un aporte social con el sentido de
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