Hace unos años tuve la oportunidad de conocer por dentro cómo funciona Blanco y Negro. De esa experiencia aún rescato el espíritu, corazón y compromiso que vi en los trabajadores y trabajadoras de la concesionaria. Muchos trabajaban (intuyo que todavía lo hacen) por un sueldo que está muy por debajo del aporte que entregan a la institución, y varios en ocasiones lo hacían de domingo a domingo y en horarios incompatibles con una vida familiar sustentable. La mayoría de ellos son colocolinos, y los que no, tienen un alto respeto por nuestra camiseta. Tengan ellos toda mi admiración y reconocimiento.
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