El
beso-rancio-sin-copete es la plena demostración de una prostitución
conciente de sí misma; como la sillicidad de la silla, hablamos de la
prostituidad de la prostitución, pero obvio tiene un camuflaje, el
traje warrior que dice: "weón no oh, na que ver, si un puro beso nomás".Para
estos propósitos no concientes -por ser una decisión indirecta: un
beso-, la actividad económica más importante durante la época arcaica
de las polis griegas se ha convertido hoy en un fetiche social. Una
habitación, una cama, preservativos y una luz roja bastan para montar
un burdel, sentencia la International Sex and Red-Light Guide.
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