Que miedo tengo a la
muerte, no por morir sino por lo que dejaría de vivir.
Me congela y me petrifica
el recelo de no ver a mis hijos crecer, no escucharles más;
El susurro pasivo y lento de
una enfermedad amenazando con arrebatarme los suspiros, sea o no sea, tan
siquiera la duda me espanta,
Correr y huirle pudiera, si
solo mi mente descansara de la tortura. Tanto por enseñarles, tanto por
vivirles, tanto por aprender de ellos
Es un esfuerzo diario,
sobreponerse al cansancio y al dolor, todo vale la pena por los ojos brillantes
y la risa
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