Los evangélicos se han convertido en parte del paisaje común del céntrico paseo citadino. Con Biblia en mano, sus gritos se unen al rugir de motores, sonidos de tacones y a la rutina de los oficinistas.
En medio de ternos, corbatas, maletines y tacos del tradicional Paseo Ahumada de Santiago de Chile, las voces de los predicadores evangélicos se incorporan al ambiente urbano. Sus gritos característicos como "gloria a Dios", "aleluya" y "¡arrepiéntete, pecador!" los identifican. Algunos los ridiculizan, otros los observan atentamente y muchos pasan por su lado intentando no escuchar los sermones de condena a su conducta.
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