propicia alcanzar un estado de relajación profunda y luego atesorarlo, marcarlo como experiencia potente capaz de ser reproducida por el practicante con sólo invocarla.
Propicia grabar en la memoria el entorno físico, el ambiente y las circuntancias en que se logran estos estados de armonía como un recurso para tenerlos a la mano y traerlos en cada invocación.
Propicia que el practicante tome las decisiones que definen su vivir, día a día, desde este estado de integración o de claridad emocional.
Los evangélicos, a su vez, propician alcanzar un estado de dolor profundo, identificandose con los dolores del Sacrificado, y
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