Una de las cosas que se perdieron ante la caída del presidencialismo, fue el miedo y el respeto a la figura presidencial.
En los tiempos del priato, nadie se atrevía a contradecir al primer mandatario y lo que él opinaba era considerada como una orden y siempre se veía la forma de acatarla sin importar por encima de quien pasaban.
Hoy, vemos a un presidente de la República que, en su afán de parecer respetuoso de los demás poderes, más bien parece tímido y hasta temeroso de lo que le puedan decir.
Y es que en la propaganda que el
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