En Bahía Blanca no había mucho para hacer. Era una calurosa tarde de febrero. El único periódico que llegaba a la casa de Cayetano sólo hablaba del Presidente Saenz Peña y de una Ley promulgada. Nada divertido para un purrete.
Hacía tres días que había cumplido 9 años. Cayetano ya no esperaba un regalo. El sueldo del viejo apenas si alcanzaba para poner el pan sobre la mesa. Acompañar a su madre a la tienda y caminar juntos tomados de la mano era toda una ofrenda.
Amaba jugar a la pelota por las tardes y por la noche, de rodillas
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