LA CARNE NEGRA - Nosotros amigos, ¿sí?El pequeño limpiabotas puso su sonrisa de ligar y miró al Marinero a los ojos; ojos muertos, fríos, submarinos, ojos sin huella alguna de calor de lascivia, de odio, de cualquier sentimiento que el chico hubiera experimentado alguna vez en sí mismo, o visto en otro, fríos e intensos a la vez, impersonales y rapaces.El Marinero se inclinó hacia adelante y puso un dedo en el brazo del chico, en la parte interior del codo.Habló en un susurro apagado, de yonqui:- Con venas como ésa, chaval, ¡cómo me lo iba a pasar!Se rió con
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