La prudencia es sin duda la virtud de los líderes. Todo político que se precie de tal, debe cultivar esta virtud, esta cualidad y convertirlo en su hábito. El líder es el que dirige, el guía, el que aconseja, el que contribuye, el que se pone a disposición del grupo, el que cree en los equipos, el que se pone al servicio de los demás y a raíz de todo esto y a consecuencia de todo esto: manda.
La prudencia es una virtud escasa dentro de tanta superficialidad, de tanto ajetreo, de tanta competencia, de tanta zancadilla, de tanto faltar
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