Figurabamos Gonzalo y yo a las doce de la noche trabajando
en la sala de grabado, en la U. Entre tinta, papel y ganas de terminar hablamos
sobre: política, diferentes modos de enseñar historia, vangurdia artística,
arte terapia, experiencia con loqueros, su novia, nos criticamos los trabajos y
decidimos que el mejor diluyente para la tinta oleográfica negra no era el diluyente
oleográfico, sino la piroxilina. En eso nos pusimos a hablar de lo cartuchas
que eran las minas de la U y lo desabridos que eran los hombres y me dice:
- Y te molesta tener
pechugas?
No pude
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