Estamos rodeados de edificios por todos lados. Lo del Centro no tiene nombre (me refiero al centro de Santiago). La gente compra y se endeuda, disfruta y paga. En ocasiones se queja porque cada día se encarece más el dividendo. Quien soñó con una vista hacia la cordillera y en algún momento la tuvo, en pocos meses esa vista se convirtió en un muro infranqueable, en una pesadilla que no se pudo calcular. Santiago se eleva, desprende olores inimaginables. Los sonidos que se escuchan son insospechados. Se está o se vive tan pegaditos que llega el olor del jabón que
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