En la década de los años 30, cuando el movimiento de incubadoras de empresas tuvo sus comienzos en la Universidad de Stanford, en el "Valle del Silicón" (Estados Unidos), los esfuerzos se centraban en estimular la creación de empresas o productos intensivos en tecnología, a partir del conocimiento generado en universidades y centros de investigación.
Con el pasar de los años, se ha ido reconociendo en el ámbito mundial la eficacia de las incubadoras. Su evolución en los últimos 30 años ha pasado de un modelo en que solo se ofrecían espacios de trabajo costeables e instalaciones compartidas a grupos
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