La semana pasada fui al cine a ver Media Noche en París, de Woody Allen. Un amigo me había hablado muy bien del filme. Es medio raro escuchar eso de alguien que tiene más críticas que elogios sobre el pequeño genio judío. El humor de Allen es algo seco, certero y tan simple que exactamente por eso se hace casi imposible alcanzarlo –a veces hablamos mal, pero no deja de ser con una punta de envidia.
Acá en Sao Paulo, una de las ciudades más grandes del mundo, hay un movimiento artístico con gente de todos lados, así como en
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