Estando sentado recientemente en una sala pública en Birghton, en donde un escéptico estaba arengando a los presentes acerca de los absurdos del cristianismo, no pude menos que complacerme viendo la facilidad con que su orgulloso razonamiento se puso en vergüenza. Citó el escarnecedor estos pasajes: "Yo y mi Padre somos uno"; "yo en ellos y tú en mí"; y agregó: "hay tres personas en Dios". No encontrando a sus oyentes dispuestos a aplaudir su blasfemia, se volvió a un caballero y, con una blasfemia, le dijo:--¿Cree Usted semejantes tonterias?El caballero respondió:--Dígame Usted cómo arde esa vela.--¡Vaya! Pues la estearina,
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