“No podemos dejar que el lago se muera”. La frase se repite entre vecinos y dueños de casas de veraneo del embalse Rapel, construido en 1968 por Endesa para generar electricidad. Con 43 años de existencia, científicos que lo han estudiado afirman que está en su fase de “vejez” y próximo a cumplir su vida útil, aunque la empresa estima que puede operar durante otros 60 años. Pero más allá de los plazos, las señales críticas ya son evidentes.
Malos olores y la proliferación de algas que” cubrían como nata” las aguas dieron la primera alerta a los vecinos. A
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