Nadie sabe lo que vale, mientras no se descubre por dentro. El valor de la vida no está en el tener, en el poder, en el aparentar. El valor del ser está en el ser. Esa es la perla preciosa. Las apariencias no deben matar nunca el valor de la persona real.
Mientras la persona no descubre esa perla preciosa, lo malbarata todo. No se valora. Se autodesprecia y se margina a sí mismo o en sí mismo.
En cambio cuando uno se advierte como perla preciosa, como tesoro, y penetra en su yo, comienza a contemplarse con mirada de
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