Cuando aún estaba en la U, asistía al único dojo de karate no competitivo de la ciudad. Aunque antes había asistido otras escuelas preferí lejos esa, supongo que porque era más filosófica y además porque nunca me ha gustado ese tema de “este gana este pierde”, lo encuentro muy poco amable para la vida. Quizá había también influencias de la ochentera “karate kid”. Además mi sensei era como de película, como de esa película en realidad: bajito, ojos achinados, muy mesurado, con una barba corta y toneladas de poder interior. Solía hacer esas demostraciones de enraizarse donde lo empujaban media
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