El caos era inevitable.
Era como una bomba a punto de estar en las caras de gobierno y sabían
lo que tenían que hacer, pero no lo hacían por el hecho de no
perder el poder que ganaron gracias al diabólico general. Los
estudiantes, que luchaban por un educación gratuita y de calidad,
perdían las esperanzas en los que dirigían del país y los partidos
políticos, al igual que cada chileno por otras cuestiones que el
presidente y su gabinete tenían la misión de lograr. Cada vez la
lucha con los carabineros se volvía más violenta en cada toma y
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