D
espués de aquella noche, me he
tomado por ley su invitación abierta y libre. Un “vuelve cuando quieras es un
vuelve cuando quieras” entonces he vuelto muchas veces, siempre en noche a la
hora del amor o del amar. Conversamos un poco con un fondo de música que no
escuchamos, miramos poca tele que más bien está ahí para después. Lo nuestro
está ahí en las sábanas, o entre ellas o sobre ellas, a un lado y al otro.
En este conversar, me he ido
enterando de parte de su vida. Un padre presente pero lejano, fanático de su
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