Los monos animados fueron
importantes en mi vida. Con menos efectos especiales y computadoras de por
medio, recuerdo que me subyugaba el ingenio, por ejemplo, de Los Picapiedra.
Amé cuando Wilma lavaba los platos utilizando como llave del agua la trompa de
un elefante, o cuando Pedro se afeitaba con una máquina que era una concha con
una abeja dentro. Creatividad pura, de la buena.
Después crecí y quise ser
grande: me puse densa y "adulta" y los monos animados, pasaron al olvido por
mucho tiempo.
Hasta que nacieron mis
hijas, Emilia y Colomba. Junto con muchas otras cosas maravillosas
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