Hay quien nunca se equivoca, porque nunca hace nada.
Adoro los fracasos, porque significa que estamos vivos. y los vivo -valga la redundancia- todos los días, como si fuera una fiebre incurable.Son pequeñas derrotas que no cambian ni la faz del mundo ni la vida cotidiana, pero me van dando temas para reflexionar, experiencias que compartir y anécdotas para hacer reir a los amigos.
A veces es algo tan simple como equivocarse de número telefónico y hablarle con toda la confianza del mundo, bromas incluidas, a alguien que no conoces y que siempre suele ser una persona muy seria.O abrirle
... Leer más