Tuya fue esa primera,Esa que adornabas con alhajas y trampas.La pintaste y sin pudor la hiciste tuya,Cómodamente colgada en tu pared,Como un trofeo de lengua y sexo.Pero era otra - o quizás todas-
( pero tú no lo viste)
Era negra y estaba rota.Desdentada, mordía largamente tu cuello.Tenía el órgano ceniciento y los muslos húmedos.Jamás fue tuya, y si lo fue, te mintió.Que ella no conocía la verdad de frágiles símbolos.Ella misma era otro símbolo
(pero tú no lo leíste)Era doble y lanzaba arañazos.Tu reflejo opaco, tus miles de palomas abultadas,Tu pequeña sacristía y tu cáliz medio vacío,No fueron suficientes para
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